Tercera entrada sobre el cáncer de cabeza y cuello donde vamos a comentar los diferentes procedimientos para identificar y detectar correctamente.

 

(La primera entrada donde hablamos de los Factores de riesgo la puedes leer AQUÍ)

(La segunda entrada donde hablamos de los Síntomas la puedes leer AQUÍ)

(La cuarta entrada donde hablamos de la Nutrición, pronóstico y prevención la puedes leer AQUÍ)

 

 

 

La detección temprana es la clave para un tratamiento exitoso del cáncer de la cabeza y el cuello. De hecho, casi tres cuartos de todos los cánceres de cabeza y cuello se pueden detectar durante un examen físico. Tu médico te hará un examen y puede pedir que te hagas alguna prueba diagnóstica.

Sin embargo, este tipo de cáncer se caracteriza por diagnosticarse cuando la enfermedad se encuentra en fases avanzadas, y esto sucede porque en muchas ocasiones lo síntomas son inespecíficos, y pasan desapercibidos para el paciente e incluso para algunos profesionales sanitarios no especializados en el cáncer de cabeza y cuello.

Para el diagnóstico debe realizarse una exploración física completa con especial atención al examen de la cavidad oral y orofaringe, laringoscopia indirecta, palpación cuidadosa de todas las cadenas ganglionares y otras exploraciones en función de las manifestaciones clínicas presentes.

El diagnóstico definitivo viene dado por el estudio histológico del tumor primario o de los ganglios afectados si existieran.

 

 

Tras preguntar por antecedentes y haber realizado un examen físico, el médico podría solicitar varias pruebas para el diagnóstico:

 

  • Tomografía

La tomografía computarizada también se conoce como exploración TC. Se trata de un examen médico similar a los rayos X tradicionales, que produce múltiples imágenes detalladas del interior del cuerpo, a base de cortes en distintos planos, que ayudan a evaluar la cara, senos paranasales y cráneo.

 

  • Panendoscopia

Es un estudio que se practica en el quirófano para el que el médico usa distintos tipos de endoscopios que pasan por la boca o la nariz permitiendo examinar la cavidad oral, la laginge, la orofaringe, el esófago, los bronquios y la tráquea. Permite detectar el tamaño del tumor y si se ha propagado por zonas próximas, así como extraer una pequeña parte del tejido biopsiar para examinar si el paciente tiene cáncer.

 

  • Citología exfoliativa

La principal ventaja de esta técnica es que examina áreas con anomalías leves, lo que favorece un diagnóstico temprano y la posibilidad de curación. El inconveniente es que no detecta todos los tumores malignos.

 

  • Biopsia por incisión

La biopsia se emplea para tomar muestras de zonas de la boca o la garganta. Puede realizarse en el quirófano, si el tumor está muy adentro, o en consulta con anestesia local.

 

  • Biopsia por aguja fina (FNA)

Permite detectar el tipo de cáncer que tiene el paciente una vez se ha determinado que hay células cancerosas y si se ha propagado. Gracias a esta prueba, el médico también puede ver si el cáncer ha reaparecido después de haber sido tratado con cirugía o radioterapia.

 

  • Pruebas del VPH

Se realiza para los cánceres de garganta para ver si existe una infección por este virus.

 

  • Radioterapia

La radioterapia es un tratamiento local que se administra en dosis muy altas con el fin de destruir las células cancerígenas o detener su crecimiento. Este tratamiento suele provocar efectos secundarios en los pacientes. Para reducirlos es fundamental que el médico limite el área de irradiación para preservar el máximo tejido sano.

La terapia se suele aplicar de lunes a viernes y tiene una duración de entre cinco y siete semanas con sesiones de cinco a diez minutos.

Aunque la mayoría de los centros que la usan utilizan la nueva técnica IMRT que reduce los efectos secundarios, los más frecuentes, según SEOM, son:

  • Sequedad en la boca (xerostomía).
  • Problemas dentales: tienen un efecto muy nocivo. Además las personas que utilizan prótesis dentales no podrán hacerlo hasta un año después de finalizar el tratamiento.
  • Dolor local en la boca que puede incluir úlceras, sangrado de las encías e infecciones.
  • Rigidez mandibular.
  • Cambios en el gusto y en el olfato.
  • Cambios en la voz.
  • Cambios en la piel de la zona radiada.
  • Fatiga.

 

  • Quimioterapia

La quimioterapia es un tratamiento que destruye las células tumorales mediante fármacos y, como consecuencia, también puede actuar sobre las sanas.

En los tumores de cabeza y cuello se administra por vía venosa o a intervalos fijos de tiempo que se conocen como ciclos y que dependen de las condiciones del paciente.

Algunos de sus efectos secundarios son similares a los que se producen con la radioterapia como son sequedad en la boca (xerostomía), infecciones y cambios de sabor en los alimentos. Además, si se administra conjuntamente con la radioterapia, el paciente puede tener también como efecto secundario dolor en la zona irradiada.

Debido a su incidencia en otras células del cuerpo, también puede producir efectos sobre la médula ósea, como anemia, neutropenia o bajada de defensas, trombopenia o bajada de plaquetas. Alopecia. Trastornos digestivos como alteraciones del apetito, náuseas, vómitos o úlceras en la boca. Mucosistis o inflamación de la mucosa de la boca.

 

 

  • Terapias dirigidas

Otro tratamiento que también se pueden aplicar en los tumores de cabeza y cuello son las terapias dirigidas. Los fármacos que se aplican con éstas paran el crecimiento, el avance y la diseminación del tumor actuando sobre moléculas específicas.

Las principales diferencias entre este tratamiento y la quimioterapia son fundamentalmente dos:

Las terapias dirigidas actúan contra las células cancerosas a las que están dirigidas. Sin embargo, la quimioterapia normal actúa sobre todas: cancerosas y normales.

La mayoría de las terapias dirigidas son citostáticas, es decir, bloquean la proliferación de las células cancerosas. Por el contrario, la quimioterapia suele ser citotóxica, destruyen las células tumorales.

Estas terapias dirigidas son los tratamientos en los que se focalizan los últimos avances e investigaciones del cáncer y donde se abre todo un futuro de ventanas terapéuticas.

Respecto a los efectos secundarios, los más frecuentes son la aparición de problemas en el hígado y diarrea. Además, pueden aparecer otros como acné, irritación de la piel, hipertensión o dificultad de coagulación de la sangre.

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